miércoles, 30 de enero de 2008

CAMARADA VIOLETA


CAMARADA VIOLETA
Por Eduardo González Viaña

No es verdad que el Muro de Berlín haya caído y con él se haya acabado el bloque socialista. Lo cierto es que lo echaron abajo miles de trabajadores de la Alemania capitalista empujados por el hambre y ansiosos de entrar de una vez por todas en el paraíso proletario.
En la película Good bye, Lenin un joven berlinés inventa esa historia y otras similares con el afán de evitarle un gran dolor a su madre, una dama comunista postrada en el hospital debido a un accidente que la hiciera perder la conciencia semanas antes de los históricos sucesos de Berlín.
Lo recuerdo porque hace pocos meses visité a Violeta Carnero, la vieja luchadora social peruana que acompañara a su esposo, el poeta Gustavo Valcárcel (1), durante toda una vida en la demanda por la nacionalizació n del petróleo y de las minas, en el reclamo por tierra para los campesinos, en la exigencia por justas condiciones laborales y en la proclama por libertad sin restricciones para todos. Todas esas luchas se confundieron siempre con el sueño incesante, desmesurado y poético de un futuro mundo socialista en el que "ni pobres ni ricos habrá, y la tierra será un paraíso de toda la humanidad".
Ninguna de esas luchas fue gratuita. A los Valcárcel, dedicar sus afanes a las causas más generosas les costó una vida de negación de oportunidades y de expulsión de puestos de trabajo al igual que seis temporadas en la cárcel, seis años de exilio, más de veinte de persecución y una sombra de pobreza que rodeó al poeta y que no cesa de perseguir a su amada superviviente. La camarada Violeta vive sola en una torre de San Borja desde que, luego de cincuenta años a su lado, falleciera Gustavo en 1992.
No la había visto desde antes de la disolución de la Unión Soviética. Esperaba, por lo tanto, un piadoso silencio sobre esos sucesos, pero no fue así. El pequeño departamento de Violeta está colmado por afiches con los rostros de Marx, Engels, Lenin, Fidel y el Che Guevara, un poema de Javier Heraud y decenas de pines con la hoz y el martillo y los rostros jubilosos de los cosmonautas soviéticos que llegaran al espacio antes que los norteamericanos.
Violeta estaba radiante. Condenó las guerras de Bush y su ignorancia prepotente y me dijo que todo ello era muestra de que el capitalismo estaba agonizando.
-Ya nadie podrá negar la perversidad intrínseca de este sistema que necesita del genocidio para sobrevivir.Quise recordarle que la Unión Soviética había dejado de existir y que Cuba era una isla acorralada por la mayor potencia militar de todos los tiempos.
-¿Acorralada? Si ha sobrevivido acorralada durante cincuenta años, eso significa que ha comenzado a vencer.
-Espera un momento, hijito. Voy a poner un poco de música- me pidió y fue a prender una anticuada casetera porque los modernos MP3 todavía no habían llegado a su casa.
Mientras los acordes de la "Internacional" desbordaban la pequeña torre, recordé sin decirle que el Che Guevara había muerto, que Luis de la Puente Uceda había caído y que muchos jóvenes habían entregado su vida o renunciado a su libertad soñando con la letra de esa canción o entonando la que ahora me devolvía el otro pequeño casete:Una mattina mi son svegliatoO bella ciao, bella ciao, bella ciao ciao ciaoUna mattina mi son svegliatoEo ho trovato l'invasorO partigiano porta mi viaO bella ciao, bella ciao, bella ciao ciao ciaoO partigiano porta mi viaChe mi sento di morir Ya no escuchaba a Violeta, y a lo mejor tampoco me hallaba en este nuevo milenio en el que los poetas y escritores para ser considerados hombres serios y merecer un sitio en las revistas y en las librerías deben abjurar de sus sueños y de su pasado, llamar dictador a Fidel Castro y condenar como extemporáneas las bravas nacionalizaciones de Evo Morales. Las pilas de la casetera se agotaban y los parlantes roncaban, pero yo seguía escuchando:Y si yo caigo, en la guerrilla.O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao.Y si yo caigo, en la guerrilla,coge en tus manos mi fusil.Cava una fosa en la montaña.O bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao.Cava una fosa en la montañabajo la sombra de una flor.Sobre la pared, colgaba una reproducción del retrato que le hiciera en México Diego Rivera. Al lado del aparato de música, la autógrafa de un poema que le escribiera Gustavo repetía desde un papel amarillento: "Sobre la almohada, a mi lado / tibio yace tu último sueño/ ahora en cambio la ciudad acoge / tu vehemencia.
Gustavo falleció durante los días del derrumbe del campo socialista que para él debieron ser particularmente crueles y, sin embargo, como lo ha contado otro buen poeta, Juan Cristóbal, declararía en su testamento que agonizaba con el corazón poblado de flores y de socialismo.
Esas frases y la propia música me recordaron que la derrota del bloque no involucraba necesariamente la del socialismo que, en vez de una opción política, ha sido para mí siempre una dimensión ética y una manera poética de vivir y de morir.
Cuando terminó "O bella ciao", fallaron las pilas o acaso la casetera se puso en huelga, y recién entonces volví al Tercer Milenio y a la postmodernidad. Violeta me sonreía como si en vez de regresar a estos años, hubiéramos llegado de pronto a los del futuro del triunfo inevitable. Dirigí mi vista a la ventana y la luz del crepúsculo se había tornado en una fascinante aurora roja. Me despedí apresurado.
Esta noche, varios meses después, Rosina Valcárcel, me acaba de decir en un e-mail que su madre acaba de salir de un hospital y que está derrotando a alguna reaccionaria dolencia humana. Recuerdo otra vez a Gustavo: "A las enfermedades no hay que darles tregua, hay que enfrentarlas como a los tiranos, de frente". Y pienso que a lo mejor todo esto que dicen que es verdad, es pura mentira. El planeta se sigue ladeando hacia la izquierda. Tiene razón el corazón. Tiene razón la vieja bolchevique, la camarada Violeta.
__._,_.___

martes, 15 de enero de 2008

DISCURSO APERTURA AÑO ACADEMICO UNIVERSIDAD DEL PACIFICO - 2006

DISCURSO APERTURA AÑO ACADEMICO UNIVERSIDAD DEL PACIFICO - 2006
GASTON ACURIO
(Astrid y Gastón, Miraflores)

Si bien podríamos pensar que los recursos naturales con los que cuenta nuestro país han sido una bendición, la historia nos ha enseñado siempre lo contrario.

Alguna vez fue el caucho, otra vez el guano, hoy son los minerales. Sin embargo cuando éstos se acaban, con ellos termina un ciclo económico de bonanza y aparece esa odiosa debacle e incertidumbre que destruye democracias y da origen a falsos caudillos.
Nos queda claro entonces que el crecimiento, la estabilidad y la riqueza de un país nunca estará del lado de los recursos naturales sino de los productos que se elaboren con ellos. Por ello los suizos compran recursos como el cacao o el oro y con ellos elaboran chocolates, joyas o relojes y por ello los japoneses y coreanos compran minerales para luego transformarlos en electrodomésticos y automóviles.
Si embargo estos países y todos los países industrializados entendieron también que la gran riqueza no esta sólo en la elaboración de productos genéricos sino más bien en la creación de marcas cuyo reconocimiento en términos de calidad les permitiera expandirse por todo el mundo. Por ello Suiza compró cacao y oro y sus ciudadanos los convirtieron en chocolates Nestlé y en relojes Rolex, Japón y Corea compraron minerales y su gente los convirtió en Toyota, Nissan o Samsung y en épocas aún mas recientes el nortamericano Howard Shultz compró café por el mundo y se lo devolvió convertido en starbucks.
Pues bien, la gastronomía peruana fue hasta muy poco justamente eso. Un gran recurso. Muy querido por todos, un orgullo para todos y muy apreciado por algunos extranjeros que descubrían anecdóticamente sus bondades en visitas de trabajo por el Perú.
Sin embargo, nuestra gastronomía no es afortunadamente sólo un gran recurso sino una suma de cocinas y conceptos que en muchos casos aun esconden un gran potencial que, una vez desempolvado, creado el marco conceptual y puesto en valor, podrían ser exportados por todo el mundo.
Así es, detrás de nuestra entrañable cocina criolla, de nuestras pollerias, de los chifitas de barrio, de la cocina novo andina, de las picanterías arequipeñas, de los anticuchos, de los sanguches, de la cocina nikkei o de las cebicherias, existen oportunidades inmensas de crear conceptos que trasciendan su ámbito local para convertirse en productos, productos peruanos de exportación que no sólo aspiren a codearse con conceptos ya instalados globalmente como pizzerías, hamburgueserías, sushi bares o taquerias mejicanas, sino que además generen al Perú enormes beneficios tanto económicos como de marca país.
Hasta aquí creo que podemos entender cómo nuestra gastronomía, un gran recurso, con productos con gran potencial está lista para expandirse por el mundo. Sin embargo, qué falta para el despegue final, qué sucede que aún no despegamos como quisiéramos.
Por qué si todos los estudios de mercado hechos fuera del Perú por empresas internacionales indican que el concepto culinario más en alza en el mundo es el peruano, que la demanda del consumidor internacional por conceptos peruanos rebasa largamente a su oferta, que invertir en un restaurante peruano bueno es casi invertir con cero riesgo en cualquier ciudad norteamericana o europea.
Por qué si dentro del Perú hemos vivido una revolución editorial y educativa en términos culinarios que nos ha llevado a publicar en los últimos diez años más libros de cocina que en toda su historia editorial, y si en Lima se han abierto en los últimos 5 años 22 escuelas de cocinas reconocidas oficialmente lo que la convierte en la ciudad con más escuelas de cocina en el mundo.
Por qué si este año el 30 por ciento de los turistas que visitó el Perú para ir a Cuzco decidió quedarse en Lima un par de días adicionales sólo por todo lo que había leído y escuchado acerca de su gastronomía, qué pasa que a pesar de que los periodistas más importantes de todo el mundo son enviados a cubrir esta revolución culinaria y publican artículos y emiten programas de TV deslumbrados por lo que ellos consideran la inminente invasión peruana de sabores por todo el mundo.
Por qué a pesar de todos esos indicativos aún esto no se traduce en restaurantes peruanos por todas partes?
La respuesta es más que evidente. Tenemos el recurso, tenemos los productos. Qué nos falta; las marcas.
Las marcas peruanas de productos culinarios peruanos por el mundo. Allí está la clave.
Algunos dirán, nos falta también el capital, los recursos. Nosotros podemos rebatir ello contándoles que recibimos casi diariamente propuestas de inversionistas desde Arabia Saudita hasta Australia para invertir en restaurantes peruanos, propuestas que en su mayoría rechazamos porque creemos firmemente que todo tiene su momento, su espacio, su oportunidad.
Marcas peruanas, eso es lo que los cocineros y empresarios peruanos tenemos que lograr para que esos inversionistas no tengan una sino muchas opciones que escoger a la hora de decidirse por uno u otro concepto.
Marcas que hayan desarrollado internamente todo aquello que hace que una pequeña gran idea, un pequeño gran sueño se traduzca en una filosofía poderosa que vaya creciendo poco a poco hasta convertirse en un modelo a estudiar, a imitar, a admirar, a invertir.
En el caso de nuestra organización hemos venido desarrollando conceptos culinarios cuya aspiración desde el comienzo fue no sólo su internacionalización, sino también su segmentación pues entendimos desde el comienzo que los restaurantes no son escenarios genéricos sino espacios para públicos distintos, para momentos distintos, para economías distintas.
Cuando empezamos con "Astrid y Gastón" hace doce años lo hicimos con un capital de 45,000 dólares, prestados entre familiares y amigos sin mucha fe pero con un gran cariño hacia nosotros.
Al cabo de 5 años y luego de haber encontrado finalmente nuestra filosofía, luego de habernos definido conceptualmente como restaurante de alta cocina peruana, ubicándonos con ello en la cúspide de la pirámide de segmentación del mercado culinario, hicimos nuestra primera incursión fuera del país hacia Chile donde la cocina peruana ya tenía un gran reconocimiento. Los premios no tardaron en llegar y luego vino Colombia, Ecuador y ahora Venezuela, Panamá y Méjico. Hoy cada uno de estos locales no sólo es rentable sino que además es reconocido como líder y referente de alta cocina en cada lugar. Así es, alta cocina peruana, codo a codo con la francesa, la española, la italiana, etc. Como en algunos casos las revoluciones empiezan de arriba hacia abajo esto nos ha preparado el terreno para que nuestras otras marcas puedan ingresar con facilidad en otros segmentos, avaladas por el prestigio generado por la anterior. Es más fácil conquistar corazones haciendo alta cocina y luego sanguches que hacer sanguches y luego alta cocina.
Luego nació "Tanta", ubicándolo dentro del segmento del restaurante familiar y lo definimos como el bistro o el deli de los peruanos, el lugar donde quien no podía pagar Astrid y Gastón, podía sentir la misma filosofía y el mismo espíritu pero en un ambiente informal y precios asequibles, siempre con los sabores peruanos pero siempre con originalidad, sofisticación y espíritu artesanal. Para nosotros hacer "Tanta" fue de alguna manera una catarsis pues cada vez más Astrid y Gastón nos dejaba esa sensación de ser cocineros de elites pequeñas en un país de muchos y "Tanta" significaba justamente eso, liberarnos de esas ataduras y poder mostrar a muchos todo aquello que queríamos decir con nuestro trabajo. Hoy tenemos tres locales en Lima, abrimos uno más este año y hemos terminado ya el proceso de elaboración de manuales con lo cual ya está listo para ser exportado.
Luego vino "La mar".
Si bien tengo muchas cebicherias favoritas , siempre sentí que todas carecían de una filosofía total, que les permitiera competir con liderazgo en cualquier parte del mundo. Sentía mucha pena al ver cómo los peruanos habíamos devaluado un producto tan atractivo y sofisticado como nuestra cocina marina, relegándolo a categoría de chingana con sillas de plástico, sin servicio y demás. Y lo que era más grave, cuando algún empresario decidía mejorar sus instalaciones o mejorar el servicio, automáticamente quitaba el cartel de cebichería, para llamarlo restaurante de pescados y mariscos, sin darse cuenta que era justamente ese nombre su mayor virtud diferenciándolo frente a las demás ofertas marinas que encontramos por el mundo.
Cebicheria, peruvian seafood, eso fue lo que imaginamos por todas partes. Y claro lo demás era simple, había que aprovechar la enorme popularidad del ceviche por el mundo y crear una cevicheria como concepto ubicado en el segmento étnico que compitiera internacionalmente con los sushi bares japoneses, con la convicción que no eran ni mejores ni peores simplemente distintos, con la diferencia que frente a la solemnidad casi monacal del sushi bar, estaba el espíritu divertido y desenfadado de la cebicheria. Había que mantener los elementos identificadores, la caña, el viento, la luz, pero con diseño, mejorar y estandarizar la materia prima, crear una filosofía de servicio acorde con el ambiente alegre que debía de prevalecer, conservar los sabores con detalles de imaginación, y contar esa historia real de que los peruanos amamos el cebiche y la cebicheria es nuestro templo por todas partes.
Hoy estamos abriendo el segundo "La mar" en Lima y ya hemos vendido franquicias de este concepto en Méjico, todo Centro América y el Caribe, Brasil, y para el 2007 esperamos iniciar Inglaterra y Washington.
Creemos firmemente por muchas razones que la cebicheria peruana es el concepto que se expandirá más rápidamente por todo el mundo.
Nuestra cuarta marca.
Cuando uno pregunta a diez peruanos si le gusta el pan con chicharrón los diez dicen que sí. Cuando uno pregunta si le gustan las hamburguesas la cifra baja a 5 o 6. Sin embargo cuando uno repregunta cuantos panes con chicharrón o cuantas hamburguesas ha comido durante la semana, estas últimas siempre terminan ganando. Entonces entendimos claramente el mensaje. El problema no era nuestro sanguche, el problema era que no había una marca que haya podido salirle al frente a las cadenas de comida rápida donde a partir de nuestras tradiciones sangucheras pudiera crear un escenario que satisfaga las aspiraciones de su gente.
En esto momentos estamos por inaugurar la sangucheria Pasquale Hermanos para ubicarse dentro del segmento de comidas rápidas, para que, sin renunciar a su espíritu artesanal sino mas bien haciendo de ello una ventaja, compita directamente con las marcas de comida rápida internacionales con un concepto netamente peruano, donde exista un escenario adhoc, unos protagonistas, los Hermanos Pasquale, primos de los Carbone, los Cordano, los Queirolo, los Palermo, fundadores de las sangucherias limeñas, pero donde el peruano sienta que finalmente el sanguche peruano dejo de ser una aventura mensual y valiente para hacerlo parte de su vida cotidiana, con la ilusión de que este segmento de mercado se reacomode y de cabida a una propuesta netamente nacional.
Esperamos abrir muchos Pasquale en Lima y su internacionalización dependerá del éxito de las cebicherias, bistrot peruanos, y otros conceptos que harán de la marca genérica Perú lo suficientemente fuerte como para que pasquale tenga el camino expedito.
Estamos ahora en busca del local para construir nuestra quinta marca. Panchita.
Durante siglos, las anticucheras de las esquinas formaron parte del ornato y la identificación de nuestra ciudad y por cierto del atractivo hacia el turista. Sin embargo en los últimos años autoridades equivocadas, las persiguieron argumentando razones sanitarias en vez de darles las herramientas para que estén acorde con los tiempos, al punto que hoy es casi imposible encontrar una anticuchera de aquellas que daban vida y aroma a nuestras esquinas.
Paradójicamente en cada una de esas esquinas han abierto pequeños negocios de hamburguesas o pollos broaster con costumbres sanitarias mucho más cuestionables que las de nuestras doñas panchitas de antaño y que además en nada podrían cautivar al extranjero que nos visite.
Es con ese espíritu reivindicador que nace panchita, como un homenaje a esa tradición y a todas esas anticucheras que alguna vez adornaron la ciudad. Anticucheria pero convertida en un restaurante de verdad, con servicio, con diseño, con filosofía propia, anticuchería que será vendida al mundo como la parrilla de los peruanos y que nace con la vocación internacional de competir directamente con las parrillas argentinas y los rodizios brasileños, pero todo en el mundo del anticucho, dentro de un marco festivo y con decoración que recuerda a las haciendas peruanas, con anticucheras robustas en vez de parrilleros gauchos, con parrillas como las de las esquinas, con huancainas y cremas en vez de chimichurris, con 25 tipos de anticuchos con todos los sabores, desde el clásico corazón al sofisticado atún, con yuca frita, papas doradas, choclos y tacu tacus en vez de papas fritas, con música latina en vez de tangos, una fiesta de sabores peruanos en vez de una sola pieza de carne de 500 gramos. La anticuchera de la esquina convertida en restaurant. Su internacionalización dependerá del éxito de las cebicherias.
Estamos en proceso de creación de tres marcas más.
La primera es la de un chifa pero que sea el real reflejo de una fusión peruano china y no de un restaurante chino con toques peruanos. Hoy el Perú cuenta con 5,000 chifas sin embargo no tenemos ninguna marca.
Deberemos crear decoración ,ambiente, música, filosofía de servicio, y comida por cierto, comida que sea el reflejo un autentico mestizaje peruano chino cuya diferenciación con lo chino será la clave para su internacionalización
Estamos también en proceso de la pollería de nuestros sueños. Donde las guarniciones peruanas serán la diferencia frente al roasted chicken de otros lares, y donde la brasa que le da todo el sabor original, y que lamentablemente algunos comercios hoy devalúan llamándolo brasa cuando usan gas, será lo que marque la diferencia y el sello de roasted chicken peruvian style
Crearemos también una cadena de hoteles boutique en lugares paradisíacos de nuestro país, con un espíritu peruano latino, donde el diseño, el buen precio, el servicio pero espontáneo y la gran cocina avalada por nuestras marcas serán la clave de su crecimiento y de su internacionalización
Finalmente hemos terminado de desarrollar lo que es el comienzo de nuestra división industrial.
Tenemos claro que en un futuro el desarrollo de la cocina peruana no solo en restaurantes al extranjero sino en los hábitos de consumo internacionales generara una demanda de bases de sabor ,salsas, productos derivados que simplifiquen el camino a la hora de hacer un cebiche, un tiradito, una causa y demás. Hemos desarrollado ya las formulas solo nos queda esperar que el mercado este listo para recibirlas en una marca que tenga como aliado estratégico a un productos emprendedor en viru, que ya lo tenemos y un distribuidor apasionado, peruanos ambos, que también ya esta listo.
Me imagino que ustedes y mucha gente se preguntara por qué tanta fe.
En realidad no es fe, es simplemente análisis concreto.
En los años 80 se dio el inicio del gran despegue de la cocina mejicana por el mundo. En aquel entonces no había ni Internet, ni las economías estaban globalizadas, ni las barreras culturales quebradas ni las fusiones estaban de moda. En ese momento los mejicanos salieron al mundo con sus tacos y sus tequilas, convencidos de que con ello conquistarían a todos.
En aquel entonces habría unos 500 restaurantes mejicanos, pues hoy debe haber más de 200,000. Con ello no solo lograron introducir dicho concepto sino que también lograron poner de moda el tequila , la cerveza corona, las salsas derivadas que hoy vemos en todos los supermercados y por supuesto el chile al punto que hoy nuestro valle de viru tiene que producir chile jalapeño porque el agro mejicano no es suficiente para abastecer la demanda mundial.
Con los japoneses sucedió lo mismo.
A inicios de los ochentas no había sushi bares por el mundo. Hoy hay más de 50,000 y gracias a ellos pudieron entrar no sólo productos sino otros conceptos como el teppanyakki, del benihana, o los noodle bars tan de moda en Europa.
Entonces si hoy las barreras culturales ya no existen, si el Internet pone al servicio de todos los conocimientos culinarios internacionales, si las economías se han globalizado irreversiblemente, si los estudios ,la prensa internacional y el consumidor foráneo nos da permanentes señales de estar esperándonos y si además contamos no con un producto sino con muchos productos mucho mas diversos ,sofisticados y divertidos que ofrecer. Por que creer que vamos a fracasar en el intento. Nuestra fe nace del análisis no de la ilusión y nuestra fuerza eso si nace del deber, de la convicción de que los cocineros somos actores reales de los procesos de cambio que el Perú necesita.
Creemos firmemente que el éxito de los restaurantes peruanos por el mundo traerá consigo muchísimos beneficios directos e indirectos para el país.
Si nos imaginamos un escenario de aquí a veinte años donde existan al igual que hoy hay mejicanos, unos 200,000 restaurantes peruanos de todo tipo y en todas partes, que cuando caminemos por cualquier ciudad europea encontremos una anticucheria al lado de una pizzería, una sangucheria al lado de una hamburguesería , una cebicheria al lado de un sushi bar o un restaurante criollo al lado de un tex mex pues entonces deberemos imaginarnos todos los beneficios que aquel escenario traerá consigo.
La demanda de productos tan comunes como papa amarilla, ají, cebolla roja, rocoto o limón se multiplicaría infinitamente y con ello acabaríamos con uno de los mas dolorosos males que acarrea nuestro país y que genera tanto enfrentamiento aprovechado por falsos profetas coyunturalmente, el empobrecimiento del campesino peruano en los andes. Hoy para solo darles un ejemplo. El kilo de papa amarilla se vende en Europa en mercados étnicos a 5 euros el kilo.
Pues al campesino peruano se le paga 30 céntimos de sol en chacra. Con el nuevo escenario esto cambiaria y con el desaparecería un permanente caldo de cultivo para la inestabilidad del país.
En dicho escenario se generarían también muchas industrias y productos de base de sabor como la que venimos desarrollando, de salsas, de pisco, de libros, de revistas, de turismo gastronómico, de asesoramiento gastronómico, de snacks, de dips y todo aquello que va naciendo alrededor de conceptos como los que tenemos. Italia por ejemplo exporta productos por 5,000 millones de dólares sólo porque un concepto llamado pizza existe por el mundo. Más que elocuente para imaginar lo que podríamos generar en torno a toda nuestra gama de conceptos.
Quizás una cifra mucho mayor que ésa.
Por último el hecho de tener estos conceptos y marcas por el mundo le daría a la marca Perú un poder de seducción que no solo llamaría la atención del publico internacional hacia otras propuestas peruanas como la moda, el diseño, la joyería, la música , la industria y demás sino que también incentivaría y activaría la creatividad y la confianza de nuestros jóvenes a crear conceptos propios y tener la valentía de salir al mundo con ellos.
Por estas razones creemos que los cocineros tenemos muchas cosas que decir además de cocinar tenemos una enorme responsabilidad como miembros de una generación a quien se la dado con mucha generosidad la oportunidad de representar a su país en aquello que tiene mas poderoso.
Su gastronomía. En aquello que el mercado hoy más valora y aprecia de nosotros. En aquello que puede generar enormes cambios no solo económicos sino sobretodo en la manera de cómo los peruanos debemos encarar nuestro futuro personal y el futuro del Perú.
Los peruanos debemos buscar la riqueza dentro de nosotros mismos, estamos llenos de oportunidades por todas partes esperando por alguien que le de el valor y la fuerza necesaria para convertirla en algo atractivo y poderoso a vender al mundo.
La clave está en entender que somos una gran nación, con una gran cultura viva fruto de siglos de mestizaje y que es justamente ese mestizaje que ha hecho de nuestra cocina una propuesta variada y diversa que ha cautivado finalmente al publico internacional y que es en ese mestizaje donde los peruanos deben encontrar la fuente de inspiración no solo para generar riqueza sino sobretodo para aceptarnos y querernos como nación y recién a partir de ahí poder encontrar hacia dentro todas aquellas ideas que luego saldrán transformadas en productos y en marcas a conquistar el planeta.
Hoy estoy aquí muy emocionado de poder dirigirme a ustedes no sólo para contarles todas estas cosas sino para recordarles que como yo son ustedes los jóvenes mas afortunados de este país.
Que son a quienes la suerte les concedió haber nacido en una familia que los pudo educar con amor en un país donde muchos niños ni siquiera conocen el amor. Donde hoy están recibiendo la mejor educación como la que yo recibí y como la que hoy reciben mis hijas mientras muchas otras niñas en vez de ir a la escuela tienen que trabajar.
Esto no sólo debe de indignarnos como ciudadanos de un país al que amamos y en el que queremos crear riqueza y logros personales sino que debe convertirnos en actores para revertir para siempre esta situación y convertirnos finalmente en un país prospero lleno de riqueza y de orgullo de formar parte de una nación donde las oportunidades están basadas en una educación igual para todos, una justicia igual para todos y un Estado que, de la mano con sus ciudadanos, vigila e interviene enérgicamente frente a la arbitrariedad, el abuso y el rompimiento de las reglas de juego pactadas por todos.
Créanme, sólo es posible cumplir sus sueños personales si tenemos un sueño nacional anterior. El éxito individual sólo llegará si nuestros objetivos trascienden al ámbito personal para formar parte sobre todo de una gran aspiración colectiva. Japón reconstruyó su país en ruinas para convertirse en la potencia de hoy porque antes que individuos eran japoneses.
Alemania hizo lo mismo, Israel también, al igual que naciones mucho más jóvenes como Australia o nueva Zelanda
Es en ese espíritu nacional, pero el positivo, el que se abre al mundo ,el que se cuestiona, el que tolera, el que abraza, el que integra, el que aplaude el éxito y no el nacionalismo que se lamenta, que condena, el que divide, el que se encierra y protege la mediocridad, en donde finalmente los peruanos alcanzaremos el rostro definitivo de nuestra nación y con él finalmente la tan ansiada prosperidad.
Para terminar quisiera decirles, en realidad pedirles, que no se vayan del Perú, ustedes son sus hijos más afortunados, sus hijos más preparados: Y, si se van a estudiar una maestría, regresen.
No se vayan, es aquí donde están las oportunidades, es aquí donde esta la riqueza, es aquí donde la vida encuentra un sentido, no se vayan porque su pueblo los necesita. El Perú los necesita. La historia los necesita.


miércoles, 9 de enero de 2008

JUAN SIN MIEDO, CRONICA SOBRE MI PADRE

JUAN SIN MIEDO
CRONICA SOBRE MI PADRE
Hace algunos años, las imágenes dieron la vuelta al mundo, el congresista peruano recibía su sobre con los quince mil dólares que había regateado al asesor presidencial Vladimiro Montesinos para vender su conciencia. El mundo aprecio la magnitud de la corrupción en el Perú. Pero, no todo es alcanzar una billetera solvente, vendiendo su conciencia, para intentar ser feliz. El alma humana nos enseña que podemos llegar a ser estrellas en el firmamento, ser triunfadores de nuestros propios sentimientos, sin traicionar principios, dejando huella en los seres que nos rodean. Va pues, esta crónica de un ser sencillo y honesto que es MAESTRO para sus hijos y para quienes lo trataron y conocieron. Y si de esto escribo es porque la reserva moral de un país descansa en sus ciudadanos, en las personas anónimas que a diario labran su destino, sin venderse. Lavando sus banderas, sus principios, dando escuela a aquellos, sin escrúpulos, que creen que solo el oro brilla. Hay éxitos personales que perduran por generaciones. Ejemplos de vida, que se toman al voltear la mirada y descubrir vidas simples y tranquilas que nos demuestran, muchas veces, que la grandeza esta en casa.Mi padre falleció de cáncer. Sin poder hablar. Tranquilo en su cuarto espero la hora y cuando se marcho lo acompaño la planta de jazmín, del pequeño jardín de la casa. Tal sea difícil de creer, pero al día siguiente de su deceso la planta que aromatizaba toda la casa se seco. Literalmente se extinguió. Mi padre se marcho con aroma a Jazmín.Y las personas sencillas brillan tanto como las que dicen ¨conquistar¨al mundo.Saque usted su conclusión amiga (o) lector. La memoria esa caja mágica que alberga nuestros mejores y peores recuerdos, me obliga a confesar que aprendí a admirar a mi padre. Allá en el lejano Ayacucho. Él estudiaba en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Huamanga, cuyo local queda, aun, en la Plaza de Armas de la ciudad. Es una vieja casona colonial, en la que asombrado descubrí, como se iban moldeando estatuas, como los retablos cobraban vida, cada rincón era un universo maravilloso y mi padre me llevaba para que aprendiera a ser artista. Yo tenía cinco años.Pese a ser alumno relativamente nuevo y no del lugar, pues era de Pampas, Tayacaja, Provincia de Huancavelica, uno de los Departamentos con más pobreza en el Perú, mi padre se gano el aprecio del Director de la Escuela: el viejo Respaldiza. Era un anciano de barba blanca y caminar pausado, tenia un aura especial de viejo sabio. Nosotros éramos cuatro cuando mi padre estudiaba y mi madre trabajaba de profesora. Solíamos jugar en esa inmensa casona y no nos asustaban los pasos solemnes de su Director. El sabio anciano solía sonreír con nuestros juegos. Luego Ayacucho cobraría cobraría fama mundial por haber cobijado en sus hermosos parajes al señor de la guerra maoísta andina: el Presidente Gonzalo, que luego se descubrió que era el mortal Abimael Guzmán. Esa es otra historia.Pero antes de ello, Ayacucho tenía y tiene dos tradiciones que se separan y juntan: los danzantes de tijeras y la procesión de Semana Santa.Los danzantes de tijeras, con sus trajes multicolores y sus desafíos permanentes nos recuerdan el mundo andino, aquel que resistió a la conquista española, que no abandono a la madre tierra, que sigue rindiendo culto a los Apus sagrados de las montañas, que venera la hoja de coca। El sonido de las tijeras en las manos de los danzantes es un mandra que nos remite a un mundo que se resiste a morir, que sueña con la vuelta del Gran Inca Pachacutec para recuperar su mundo arrebatado. Las tijeras son grandes, su sonido trac, trac, trac,, trac, trac y los pequeños van marcando el ritmo. Así empiezan los danzantes su rito y para no ser herejes van acompañados del sonido del arpa y el violín. Al ver por primera vez a los danzantes de tijeras me perdí, mejor dicho me extravié, me deje arrastrar por el gentío que los seguía, horas después mis padres me encontraron. En mi casa las tijeras eran comunes. Mi madre era profesora de corte y confección. Dejaba sin filo a las tijeras tratando de imitar su sonido. Pero esas tijeras eran cristianas y no sonaban igual, aun así, me pasaba horas ensayando los pasos. Algo en mi decía que debía ser danzante de tijeras. Mi padre sonreía cuando veía a su vástago cortando el aire para lograr el sonido de las tijeras de los danzantes. Mi madre se enfurecía, porque después de cada practica tenia que mandar afilar las tijeras.

La otra tradición, de la semana Santa, la admiraba en todo su esplendor desde el privilegiado balcón del Director de la Escuela de Bellas Artes. Mi padre nos llevaba pese a que las procesiones eran nocturnas, no me lo decía pero quería que sus hijos estuvieran presentes en ese momento especial. Nunca me dormí. vi las imágenes de la fe tambalearse en los hombros de hombres humildes que rezaban con la mirada surcando el cemento de la pista. Vi mujeres llorando, clamando en quechua por el fin de sus penurias. En esos años Ayacucho solía ser azotado por pestes como si se estuviera en la edad media. La viruela negra, el sarampión. se llevo miles de vidas. Y las madres se resignaban, miraban al cielo y exclamaban: un angelito más al cielo. Mi madre no permitió que ninguno de nosotros fuera angelito. Nos puso collares de ajos, nos dio sopa de cebollas. Cosió luego de dictar clases para pode comprar ese tónico que era un asco: Emulsión Scott, extracto de hígado de Bacalao. Y cuando la peste nos toco. Mi padre nos vendo para que no nos rascáramos evitando así que quedáramos marcados, colgó piñas en los muros de las puertas, junto ramas de eucalipto y en la puerta de nuestro dormitorio siempre había una olla hirviendo, soltando el vapor de las ramas de eucalipto. Con infinita ternura, mis padres se turnaban para bañarnos con hierbas que mi padre compraba a las mamachas del mercado, luego de hablar en quechua con ellas, todo para evitar que las marcas no acompañaran de por vida, una por una lavaban las llagas supuradas con azul metilo así hasta esperar a que se secaran sin ser arrancadas. Todos quedamos con los rostros limpios de las marcas de la viruela y el sarampión. Excepto el que esto escribe, que terco como una mula, cuando le dio el sarampión, se desató y se rascó la frente. Tres costras fueron arrancadas y hoy forma un triángulo en la frente.
Estábamos en los años de la Alianza para el Progreso y Ayacucho conoció a gringos voluntarios, uno de ellos se hizo amigo de mi padre, tenía una cámara de fotos. Nuevecita, grande, marca YASHICA, con su contómetro para la luz. Todo un tesoro. Al irse se la dejó a mi padre. Vivíamos, en ese tiempo, en una vieja casona, con dos inmensos cuartos, con techos que parecían llegar al cielo, uno de los cuartos, mis padres habían dividido con telas de tocuyo para darle forma a los dormitorios. Y el otro donde quedaba la cocina y el comedor. ¿ Y el baño? preguntara el citadino lector. En el jardín, pues, detrás de una gran higuera se había construido un silo. La casa quedaba dentro de una gran casona, habitada por una anciana y su hija, de cuya presencia solo sabíamos cuando nos convidaban un plato de Puka Picante. Para entra a la casa había que atravesar un inmenso portón, a la derecha estaba la casona inmensa y casi deshabitada y a la izquierda nuestra casa, en el patio entre las dos casas, en las noches improvisábamos un escenario y cantábamos a la luz de las velas. Ese inmenso patio, entre las dos casa, era el lugar de nuestros juegos. En el cuarto de los dormitorios, hasta ahora no entiendo de donde sacó espacio mi padre y construyo su cuarto oscuro, para revelar sus fotos, pues el gringo buena gente no sólo le dejó su cámara fotográfica sino todo un equipo de revelado. Conocimos la luz eléctrica, que mi padre pidió de un vecino, conocimos la luz roja. Vimos con asombro como las imágenes se iban formando conforme, el papel pasaba de bandeja en bandeja. Conocí las fotos secándose y nos vimos retratados donde antes nada había. El cuarto oscuro no tenía secretos para nosotros y cuando mis padres no estaban nos apoderábamos de la cámara y foto y foto. De juego en juego tomábamos fotos y allí se armaba la grande. Mi padre nos dio nuestro estate quieto. En esos años la fotografía era un pasatiempo demasiado caro y habíamos echado a perder todo un rollo. Mi madre sonreía, -deja a los chicos, tú mismo les estás enseñando y ahora te quejas-. Mi padre calmó sus iras y nos enseño los misterios de las fotos en blanco y negro.

Más de una vez mi padre me llevó a mítines, donde se hablaba de Cuba y una noche dos jóvenes amigos de mi padre fueron a la casa a despedirse, se marchaban con la guerrilla, que años, muchos años después, sabría que eran del MIR, Movimiento de Izquierda Revolucionario, que murieron junto a Luis de la Puente Uceda.

Dice la leyenda que por esos años el Che, pasó por Ayacucho, solo sé que vi hombres escuchar a otros hombres con un silencio que asustaba al viento, vi rostros con la llama de la justicia en sus ojos, vi gestos llenos de decisión y sentí un inmenso orgullo por mi padre, por haberme llevado en la noche, pese al frió, pese a la hora, pese a que nadie llevaba niños. Nunca he podido olvidar la sonrisa generosa de esos jóvenes que se despidieron de mi padre, sabiendo que no se volverían a ver y hoy que escribo esto siento su muerte más cerca que nunca. Mi padre me permitió ver esa historia llena de decisión por un amanecer digno para la humanidad.

En la Escuela de Bellas Artes, muchas veces mi padre se quedaba conversando con el Director, el viejo Respaldiza, a la hora de irnos, el portero, un jorobadito, muy atento nos abría la puerta. Vivía solo, sin familia, porque se consideraba de mal agüero tener un jorobado en la familia. En las navidades mi padre nunca dejaba de pasar por la Escuela de Bellas Artes y le dejaba un panetón. Hablaban en quechua y mi padre le trataba de explicar que no era de mal agüero, que solo tenía una enfermedad llamada polio, el jorobadito nunca aceptó ir a la casa a pasar la navidad porque temía ser de mal agüero para mi padre y eso jamás se le perdonaría.

Por razones de trabajo a mi madre la trasladaron a Tambo. Tambo quedaba a casi un día de viaje de Huamanga, teníamos que pasar por la Pampa de la Quinua, donde se llevo a cabo la última batalla por la libertad de Latinoamérica de los españoles. Quinua y vendedoras de comida, como cuy chactado con mote, papas y queso, con los aromas de las comidas como el puka picante, envolviendo el ambiente, se nos hicieron conocidos. Pasando el cerro Condorcunka, "aquisito nomás", en sus faldas quedaba Tambo, es la entrada para San Miguel, ceja de selva ayacuchana. En tambo nuestra casa quedaba al final de la carretera o si se quiere al inicio del pueblo, lo cierto es que si uno miraba al cerro podía notar en los surcos marrones, como los carros bajaban el cerro, la carretera era de tierra afirmada y el paso de cada carro iba seguido de una gran nube de polvo.

Un día a poco de nuestra llegada vimos, con espanto, que un carro se venía contra la casa. Un ómnibus se había volcado y dando tumbos se acercaba a la casa. Por cosas del destino se quedó atascado a unas vueltas antes de llegar al pueblo y caer sobre nuestra casa. Ese episodio nos dejo muy asustados. No había luz y la casa colindaba con un monte enmarañado de donde salían inmensas tarántulas, teníamos miedo. Y mi padre en esas noches sin luz de luna, nos empezó a contar las historias de Juan Sin Miedo.

De allí mi afición a narrar historias.

He olvidado por qué, eso que llaman mecanismos de defensa, funcionan bien por lo visto. Lo real es que la maestra de escuela de Tambo, donde me matricularon, me atemorizaba. A tal punto que no era capaz de pedirle permiso para ir al baño, tan seguro estaba que me iba a negar el permiso. Y un día ocurrió lo inevitable. Los pantalones estaban mojados. La maestra se burlo de mí. En silencio la maldije y nunca más regrese a clases.

No dije nada en casa, salía todos los días camino a la escuela y no llegaba, me iba al río, el canto del río, el olor del eucalipto fresco y mi imaginación me hacían pasar las horas rápidamente, así todos los días. Pero como era un pueblo chico, pronto corrió la voz que el hijo de una de las maestras era un vago que se pasaba el día en el río. Ya para entonces buscaba que ocultarme y me iba siguiendo a los cerdos negros, que se alimentaban en la parte sucia del río. Una mañana allí me encontró mi madre pálida de vergüenza. El año se terminaba y la libreta era todo un baño de rojos. Mal en conducta, cero en aprovechamiento. Una nulidad completa. Mi hermana mayor había arrasado con todos los premios en el mejor colegio de mujeres de Ayacucho, el María Auxiliadora. Y estábamos allí, con la libreta en las manos de mi padre y mi madre furiosa. Mi padre es mi padre, pues. Vio la libreta, me sonrío y me dijo: "hijo no te preocupes, el próximo año vas a ir al Don Bosco de Ayacucho para que empieces a estudiar. Esa maestra no vale nada" y acto seguido rompió la libreta. Esa noche supe que mi padre era Juan Sin Miedo.

La vida dio un brusco giro. La familia de mi padre había dejado Pampas- Tayacaja, Provincia de Huancavelica, luego de vender sus bienes y que sus terrenos conocidos como paccha, fueran expropiados para construir un cuartel de soldados, se habían instalado en Lima. Más exactamente en Papa León XIII, a 60 kilómetros de Lima, en la Panamericana Sur. Cerca del Balneario de Pucusana y del pueblo de Chilca. Las casas tenían lotes de media hectárea y los familiares de mi padre criaban pollos, les iba bien. Convencieron a mi padre, dejamos Ayacucho y nos transmudamos a Lima.
Con sus ahorros y prestamos compraron una casa lote y a criar pollos se ha dicho.

Mis padres como buenos profesores, cuidaban mucho nuestra educación. Siempre en colegios cristianos. No había colegio en Papa León XIII, el único colegio Parroquial quedaba en Lurín a 30 kilómetros. Un año estudiamos allí. Todos los días hacíamos el viajecito. Siendo despedidos hasta la carretera por la fiel Canela. Una pastora alemana que nos enseño a querer a los canes.

Criar pollos era cosa seria, si se enfermaban se morían por cientos y adiós inversión. Mi padre era cuidadoso y le iba bien. Lo peor era la venta de pollos. En la madrugada llegaban los intermediarios con sus camiones, con sus balanzas fraguadas, con sus billetes falsos. Todos teníamos que estar atentos porque al menos descuido cargaban las jabas llenas de pollos, directamente a los camiones sin pesarlas. Eran unos ladrones compraban a 1 y vendían en el mercado mayorista a 4, encima robando a los granjeros en el peso. Eran tan sinvergüenzas que incrementaban el peso de las jabas humedeciéndolas, con ello lograban que el peso de la tara se incrementara en desmedro del peso de los pollos. Y a la hora de pagar, había que contar los billetes una y otra vez. Generalmente se terminaba de pesar y cargar los pollos a las cuatro de la madrugada, a esa hora con el cansancio encima se tenía que contar el dinero y muchas veces se detectaban los billetes falsos en el día, cuando ya nada se podía hacer. Mi padre en silencio llevaba su rabia. Mi madre explotaba. En una oportunidad, al descubrir un billete falso. Exigió que descargaran el camión. Los sinvergüenzas se deshicieron en excusas y culparon a un empleado. Añadieron que se trataba de un "error". Tal como ahora un ex presidente diga que el "error" fue de su asesor.

Pero el problema mayor lo constituyeron los grandes grupos económicos que ya en esos años, inicios de la década de los 70', empezaban a monopolizar la crianza de aves. La urbanización agrícola Papa León XIII era conocida por tener a muchos pequeños criadores de aves y de pronto el cielo de Papa León XIII se vio invadido por avionetas que volaban a muy baja altura, asustaban a los pollos. Les daba diarrea, perdían peso y terminaban sin poder engordar, cada semana extra de comida, eran deudas que terminaban ahorcando a los pequeños criadores de pollos. Cuando ya estaban con la soga al cuello venían los señores de las grandes molineras como Nicolini o Purina y les ofrecían criar pollos para ellos. Los convertían en sus empleados. Ese no fue el camino que siguieron mis padres. Un orgullo férreo les impidió someterse a quienes habían demostrado que ese capitalismo no tenía alma no escrúpulos.

En Papa León XIII no había luz eléctrica. Los primeros en criar pollos tenían grupos electrógenos y podían ver televisión. Los parientes de mi padre tenían su terreno en la misma cuadra que el nuestro, los visitábamos a las seis de la tarde para ver la serie de televisión: Perdidos en el Espacio, en un televisor inmenso que de adueñaba de la sala. el hombre llegaba a la luna. En casa no teníamos televisor, ni grupo electrógeno. Esa noche mi padre nos llevo a casa de sus parientes y nos mantuvo despiertos para que no dejáramos de ver ese acontecimiento histórico. Así era mi padre con sus hijos.


Mis padres decidieron que nos quedáramos en Lima en casa de la Abuela materna para poder estudiar. Ellos se dedicaron a la crianza de cerdos y comprarían un par de vacas. Todos los viernes se turnaban para llevarnos a Papa León XIII. En esos años viajar 60 kilómetros eran 60 kilómetros. Los carros se tomaban en una antigua plazuela en el centro de Lima, cerca del Parque Universitario. A veces mi padre aprovecha el viaje y compraba cosas en el mercado central, en tales oportunidades, llegábamos caminando a la plazuela, por la calle en que entrábamos a la plazuela, siempre pasábamos por un zaguán donde había una anciana, con el rostro más arrugado que una pasa, que vendía papas rellenas, Las papas rellenas estaban en platos encima de una pequeña mesa, apenas alumbrada por una vela. Pasábamos en silencio. Llegábamos al carro, nos ubicábamos para el largo viaje y mi padre desaparecía, volvía con unas papas rellenas, envueltas en papel de bolsas de azúcar de color marrón. La primera vez uno de mis hermanos exclamo: estas papas están frías.

Mi padre no dijo nada, solo miro la calle donde veíamos a la anciana.

- Están frías pero ricas - termino diciendo mi hermano. Así por ayudar a esa anciana, cuando viajábamos a Papa León XIII, comíamos con gusto las papas rellenas más frías del mundo pero calentadas en el corazón de un hombre generoso, que sin decirnos mucho, los ejemplos son los que cuentan, nos enseño a amar a nuestros semejantes.
Ya crecíamos y no les iba mal a mis padres con la granja. Ya teníamos televisor, grupo electrógeno, dos hermosas vacas: Nora y Rina. Muchos perros y unas ganas inmensas de que los veranos no acabaran nunca. Mis tíos tenían, una camioneta, donde todos nos trepábamos para ir a la playa. Y fue por ello que quede en deuda con mi padre. Nos habían encargado alimentar a las vacas pero Rina era muy engreída, le gustaba la alfalfa fresca y cortarla era todo un trabajo. Lo más rápido era darles un balde de concentrado, uno en la mañana, otro al medio día y en la tarde chala, pero como habían llegado mis primos a la casa de los parientes de mi padre. Para poder jugar todo el día, les puse, en la mañana, como cinco baldes del concentrado a las vacas para que no se quejaran, por que los mugidos de Rina se escuchaban en todo Papa León XIII, Rina comió y comió. El concentrado se recalentó y Rina siguió comiendo, al día siguiente murió empanzada. Unos días después mi padre me dijo: " me debes una vaca, no te olvides". Jamás un reproche en publico.
El agua en Papa León XIII era extraída de pozos que poco a poco sufrieron las filtraciones del salitre, el agua se salo. Mi padre aprovecho y volvió a lo suyo: ser Maestro.
Primero en un colegio de Lima, luego por apoyar la Huelga del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación- SUTEP- de los años 1978 y 1979 fue cambiado a un colegio en la naciente Villa El Salvador. Demasiado lejos, nosotros vivíamos en Breña, llegar a Villa El Salvador, por lo escaso de la movilidad, era perder más de dos horas y media.
Pidió su cambio para un colegio en el Balneario de San Bartolo y se fue a vivir a Papa León XIII, donde se construyó una poza para almacenar agua, el camión aguatero pasaba una vez a la semana. Nosotros, ya mayores nos dispersamos por que la casa en que mi abuela materna había vivido por más de 30 años era alquilada. Los dueños la habían vendido y los compradores la reclamaron para vivir. Mi abuela materna se fue a pasar sus últimos días en Papa León XIII, junto a su yerno.
Mi padre volvió a criar cerdos, a la par que enseñaba en San Bartolo, uno de mis hermanos menores, se fue a vivir con él. Mientras terminaba la secundaria en San Bartolo.
Eran años tranquilos, cuando lo visitábamos, nos mostraba orgulloso a su pajarillo, el peti rojo, de pechito rojo. Hasta una pequeña casita le había construido. El pajarito todas las mañanas cantaba cerca de la ventana del cuarto de mi padre, donde él le ponía algunos bichos para que se alimente.
En esos años cumplió uno de sus sueños, tener su propio horno de barro, para cocinar con leña, su propio pan. Como en su lejana Pampas. Una tarde convencí a unos grandes amigos y los lleve a comer lechón al horno. Hasta ahora hablan de esa comilona. En la noche, mientras cantábamos con el corazón contento y la barriga llena, mi padre preocupado me pregunto si les había gustado el lechón al horno a mis amigos. Cuando iba a contestar, uno de mis amigos grito: señor, por favor, guárdeme un poco que mañana me llevo a Lima hasta los huesos. Mi padre se fue a dormir tranquilo.
La crianza de cerdos dio lo suficiente para comprar una casita al Norte de Lima, en Villa Sol, lugar que luego seria parte de Los Olivos. donde volvimos a agruparnos. Mi padre dirigió la ampliación de la casa, la construyo a su gusto.
Esperaba que sus hijos se graduaran en la universidad. Cuando lo ataco el cáncer. Fue operado de emergencia, salio bien y le gano siete años al cáncer. Quise dedicarle mi primer libro de cuentos y por esas cosas del destino, el libro no tuvo cuando ser editado. vi su tristeza cuando le comunique que me habían desaprobado en mi examen para graduarme en la Universidad, como siempre no me lo reprocho.
Una mañana le dio un ataque de hemiplejía. Todos estábamos desconcertados. Luego de mil pruebas, se comprobó que los médicos que lo estaban tratando del cáncer a los glangleos, que estaba bajo control, habían descuidado unos tumores cancerosos en el cerebro. Ya habían hecho metástasis. Para salvar su responsabilidad quisieron operarlo, mi padre se opuso. Se negó a quedarse enfermo en un frío hospital. Bajo responsabilidad familiar lo llevamos a casa, al cuarto con la ventana al jardín, donde crecía la planta de jazmín que aromatizaba la casa.
Y al fin pude publicar mi libro, gracias a la ayuda de una apreciada amiga. Falto dinero para la encuadernación, así que en la casa encuadernamos los libros y pegamos las carátulas. El libro se titula: Sabor a la vida, y la dedicatoria dice así: "A MI PADRE, QUIEN CUANDO ERAMOS PEQUEÑOS, NOS RELATABA LAS HISTORIAS DE JUAN SIN MIEDO, PARA QUE EL SILENCIO QUE SE APODERABA DE LAS NOCHES DE TAMBO NO NOS QUITARA EL SUEÑO. DE ALLI MI AFICION A LOS RELATOS, Y ES QUE MI PADRE ES MAESTRO, PUES".
Esa noche trabaje con ganas, me amanecí encuadernando los libros, tuve casi veinte libros listos, los puse en rumas de a cinco con ladrillos encima para que pegaran bien. A la mañana siguiente, le enseñe el libro a mi padre y le dije: solo falta darle los cortes finales y listo ya está el libro papá.
Me miro y en el fondo de su mirada vi su sonrisa. Esa Tarde, con los primeros cinco ejemplares correctamente cortados, luego del trabajo llame a una amigo para celebrar, juntos fuimos a la casa de mi amiga, a tomar unas cervezas y volví a mi casa en la madrugada como a las dos de la mañana. Quise entrar a saludar a mi padre y enseñarle el libro ya cortado pero a esa hora seguro que la enfermera que lo atendía iba a pensar otro cosa, así que me dije, mejor mañana. A las dos horas me despertó la enfermera, mi padre había fallecido y como lo dije al inicio, lo acompaño el árbol de Jazmín. Falleció tranquilo sin molestar a nadie. tal como vivió. Solo nos dejo su ejemplo como ser humano difícil de imitar pero que procuramos seguir, por vidas como la narrada el Perú no podía ser eternamente gobernado por gente como Montesinos. Tarde o temprano la indignación, de los hombres tranquilos y sencillos, lo barrería de la historia, tal como a acontecido

Y EL TIEMPO PASO: Juan sin miedo

Y EL TIEMPO PASO: Juan sin miedo